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OKRs, inspiración con resultados

By 24 agosto, 2020 No Comments

Sensatez y riesgo. Ambición y disciplina. Inspiración y acción. Simplicidad e innovación. 

Son capacidades cuyo vértice juntan los OKRs, siglas de “Objectives and Key Results, objetivos y resultados clave”. Se trata de una herramienta de gestión que destaca por su sencillez, por su espíritu democrático y al mismo tiempo por su capacidad de mantener el rumbo de las organizaciones incluso en medio de una gran tormenta. 

Los OKRs están en el imaginario colectivo de la gestión pero tal vez pocas organizaciones se los hayan tomado tan en serio como lo hace Google. 

John Doerr fue quien acompañó a Larry Page y Sergey Brin, fundadores de Google, en la implementación de los OKRs en sus inicios. En el libro “Measure What Matters, Mide lo que importa”, se profundiza sobre esta metodología “que ayuda a asegurar que toda la empresa se centra en los mismos temas importantes.”

La mayor virtud de los OKRs es su simplicidad

Los objetivos son concretos y se extienden en el tiempo, son trascendentes, por eso mantienen inspirado al equipo al mismo tiempo que les empujan a la acción. Cada objetivo está compuesto por no más de 5 resultados clave. Si el objetivo es el destino, los resultados clave marcan el camino para llegar. Estos últimos son específicos, tienen un marco temporal y también son osados, pero al mismo tiempo son realistas. Sobre todo, deben ser medibles y verificables ya que cuando se han alcanzado, el objetivo viene dado.

Tal vez lo que más nos gusta de los OKRs son las capacidades que despiertan en la organización. En Interacso estamos en proceso de adopción y estamos seguros de que construyen mejores organizaciones: 

Prioridad y concentración. Dibujar un propósito común sólido y prioritario nos ayuda a disciplinar el pensamiento, enfocarnos en lo importante y actuar con decisión para conseguirlo.

Esto hace que la mayor virtud de los OKRs sea la simplicidad, el hecho de que sean de fácil comprensión por todos ayuda a que estemos concentrados en el reto concreto.

Ambición y disciplina. “Al impulsar a las personas para que sobrepasen los viejos límites, se convierten en motores para conseguir la excelencia” señala Patty Stonesifer CEO de Bill and Melinda Gate Foundation. 

El equipo es capaz de descubrir nuevas capacidades, llegan a soluciones más creativas y hasta podrían revolucionar modelos de negocio. Esta actitud sin duda afianza la cultura empresarial y es la recompensa de elegir objetivos arriesgados y sensatos. Cuanto más difícil es el objetivo, mayor es el rendimiento alcanzado por el grupo.

Cohesión  y transparencia. Se garantiza que las actividades diarias de la directiva y de cada uno de los colaboradores están alineadas con la visión global de la organización. La potencia de esta herramienta es que es visible a toda la empresa y esto la convierte también en una forma de motivación. El equipo está más implicado cuando se da cuenta de cómo su trabajo contribuye al éxito de la empresa.

Elasticidad: Las empresas son organismos vivos que se mueven, no pueden tener objetivos estáticos. Por eso, los OKRs contemplan que podamos modificarlos según cambia el ritmo o las circunstancias externas, incluso si un resultado ha perdido su vigencia. Algo imprescindible para el entorno cambiante en el que, sin duda, viven las organizaciones.

Que los objetivos surjan desde la base es un signo de la salud de la innovación dentro de una organización. 

Autonomía e Innovación. Otro de los beneficios es que los objetivos se eligen de forma horizontal por los grupos de trabajo y no caen en cascada. Esa independencia entrena el músculo del equipo y así las personas consiguen llegar a soluciones novedosas. De alguna manera si sentimos que elegimos nuestros retos, tendremos una mayor responsabilidad en ellos. 

Andy Grove, CEO de Intel, cuya gestión fue la semilla de los OKRs, solía decir que los empleados de las trincheras entran antes en contacto con los cambios que la dirección. Por eso, el hecho de que los objetivos surjan desde la base es un signo de la salud de la innovación dentro de una organización. 

Nos encantan los OKRs porque canalizan los esfuerzos y ofrecen coordinación, pero sabemos que no son la panacea.

Como nos muestra Doerr, su éxito va ligado a un liderazgo fuerte, una cultura bien cimentada en la transparencia, el trabajo en equipo y la innovación permanente. Solo una organización que colabora, es honesta y está conectada entre sí, puede alcanzar propósitos fuera de lo común.